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Biografía detallada del Profeta Muhammad: Período medinense (parte 2 de 3)

Descripción: Lección de tres partes detallando la vida del Profeta Muhammad luego de migrar a Medina hasta su fallecimiento. Parte 2: El rol de los hipócritas y las tribus judías, y las Batallas de Uhud y de la Fosa.

PorImam Kamil Mufti (© 2016 NewMuslims.com)

Publicado el25 May 2019 - Última modificación26 Sep 2016

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Categoría: Lecciones > El Profeta Muhammad > Su biografía


Objetivos:

·       Aprender sobre los nuevos enemigos en Medina.

·       Conocer sobre la traición de aliados.

·      Aprender sobre las Batallas de Uhud y de la Fosa. 

Nuevos enemigos en Medina

En Medina, dos nuevas fuerzas hostiles emergieron, particularmente luego de la batalla de Badr. 

Había todavía en esa ciudad árabes que se aferraban a su adoración a los ídolos y detestaban el Islam, como Abdullah Ibn Ubaii y sus seguidores. Sin embargo, luego de la victoria en Badr, muchos de ellos profesaban ser musulmanes, al menos exteriormente. Era claro, por su comportamiento, que la verdadera fe no había entrado en sus corazones, pero veían una ventaja política en pretender ser musulmanes. Muchos versículos del Corán fueron revelados informando a los musulmanes de la amenaza que este grupo de hipócritas representaba para la comunidad. A pesar de eso, el Profeta (que la misericordia y las bendiciones de Allah sean con él) jamás señaló a nadie y les enseñó a sus seguidores a juzgar a la gente por sus acciones.  

La segunda amenaza venía por parte de las tribus judías que habían vivido tanto dentro como alrededor de la ciudad de Medina por siglos. Al llegar a la ciudad, el Profeta hizo un pacto con esas tribus para definir las relaciones entre ellos y los musulmanes de forma clara. Entre los elementos principales de los tratados estaban: tanto los musulmanes como los judíos tenían libertad de practicar su propia religión, se apoyarían mutuamente en caso de un ataque foráneo, y no se haría ningún trato con los quraishíes en contra de los musulmanes. Muchos judíos consideraban inferior al Profeta porque tenían un orgullo ancestral, pero él seguía enseñándoles a los musulmanes que se comportaran respetuosamente con ellos. Llegó luego una revelación de que los musulmanes tenían permitido comer carne sacrificada por la Gente del Libro, e incluso casarse con sus mujeres. Algunos de los judíos incluso abrazaron el Islam. Uno de los principales rabinos de Medina, Abdullah Ibn Salam, creía que el Mensajero de Allah estaba mencionado en la Torá y se convirtió al Islam. 

La traición de Qainuqa

Unos pocos meses después de Badr, el Profeta recibió noticias de que lo judíos de la tribu de Qainuqa, quienes vivían dentro de Medina, planeaban romper su parte del trato. Se preparaban para la guerra con la esperanza de que algunos de los hipócritas acudieran en su ayuda, tal como les habían prometido. Luego de dos semanas sin recibir suministros ni ayuda externa, se rindieron. Se les pidió que se fueran de la ciudad y tomaron residencia junto a otras tribus judías en los alrededores.

La batalla de Uhud

En el año 3 de la Hégira, el Profeta recibió la noticia de que 3.000 soldados iban en camino a Medina para atacar. Juntó un ejército de 1.000 hombres y consultó a sus compañeros sobre si convenía enfrentarlos en un terreno abierto, o permanecer en la ciudad y defenderla. El Profeta cedió ante el fervor de sus compañeros y la armada salió hacia el monte Uhud, a 3 km de Medina, donde podrían combatir a su enemigo. En el camino, Abdullah Ibn Ubaii (líder de los hipócritas) decidió abandonar el ejército islámico porque no tomaron su consejo de quedarse en la ciudad. Él y sus hombres, un tercio del ejército, se retiraron. 

El Profeta situó 50 arqueros en una colina cercana para resguardar un paso de montaña que podría ser utilizado por el enemigo. Comenzó la batalla y los musulmanes superaban a los de quraishíes. La insignia de batalla de Quraish cayó y comenzaron a escapar, a medida que los soldados musulmanes los perseguían. En ese momento, la mayoría de los arqueros apostados en la colina decidieron dejar sus posiciones, tentados por los botines de guerra que deseaban recoger. El paso de montaña había quedado ahora desprotegido y la caballería del enemigo arremetió por el hueco y cayó sobre los musulmanes que festejaban antes de tiempo. Como resultado, 70 musulmanes cayeron muertos en el campo de batalla, mientras que solo 22 de los quraishíes murieron. La victoria de Uhud se había convertido en una amarga derrota. Se revelaron versículos al Profeta aclarando que la calamidad fue resultado de la enfermedad espiritual de la codicia. 

Expulsión de los Nadir

En el año 4 de la Hégira, el Mensajero de Allah recibió un informe de que los judíos de Nadir planeaban también traicionar a los musulmanes. El Profeta fue a visitarlos, pero atentaron contra su vida. Escapó del lugar y les dio diez días para irse, pero insistieron con la guerra e hicieron pactos con algunos líderes árabes. Se envió un ejército musulmán para asediar su fortaleza. Luego de diez días, el Profeta ordenó que se cortaran algunos de sus árboles de palmera, su posesión más valiosa. Finalmente se rindieron y se ubicaron en la ciudad de Jaibar, a unos cientos de kilómetros al norte, la cual estaba fuertemente fortificada. De nuevo, en vez de expresar gratitud por el gesto, inmediatamente comenzaron a complotar contra los musulmanes. 

Batalla de la Fosa

Huiiai, jefe de los Nadir, viajó a La Meca para incitar un ataque final contra Medina. Logró convencer a los quraishíes con facilidad de que era tiempo de un asalto final contra los musulmanes. Abu Sufián comenzó a reclutar aliados de diferentes partes de Arabia; los quraishíes lograron sumar 4.000 soldados junto a otros 6.000 provenientes del este de Arabia. Salman Al Farsi, compañero del Profeta que provenía de Persia, sugirió una táctica de guerra extranjera que consistían en construir una fosa para unir los puntos defensivos formados por los campos de lava y los edificios fortificados. Esto era algo desconocido en la guerra árabe, pero el Profeta apreció los méritos del plan de inmediato y comenzaron el trabajo sin demora. El Profeta mismo participó llevando piedras de las excavaciones sobre su espalda. Cuando llegó el ejército de coalición, nunca antes habían presenciado una estrategia similar. 

Huiiai, acompañando el ejército aliado, le pagó a la última tribu judía que permanecía en Medina, los Quraiza en el sur, y los convenció para que abandonaran su tratado con los musulmanes. 

El asedio a los musulmanes duró casi un mes. Abu Sufián finalmente decidió abandonar y los aliados regresaron sin éxito. Con la ayuda de Allah, no solo se salvaron los musulmanes de pelear, sino que lograron una victoria simbólica. 

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